Género musical portugués que toma la forma de un canto melancólico generalmente acompañado de instrumentos de cuerda pulsada, el fado es un fenómeno urbano, nacido en el siglo XIX en los barrios portuarios y populares (Alfama, Mouraria, el barrio de los moros o Bairro Alto) de Portugal gracias a los marineros, que se nutrían a través de sus viajes de los cantos árabes y las melodías antiguas de los esclavos afrobrasileños. Hacia 1870, el fado, con la gran cantante Severa, se convertiría también en el patrimonio de una aristocracia, amante de esta verba poética, antes de convertirse en el canto de todo un pueblo en los años sesenta gracias a la gran Amalia Rodriguez. Ana Moura, nueva figura emblemática del fado, lleva en sí la sensibilidad romántica y trágica de un fado profundamente arraigado en la ciudad de Lisboa, donde se afirmó una interpretación tanto femenina como masculina. Su belleza, aún poco rozada por el sufrimiento, canta una nostalgia existencial, la que heredará de su pasión desde muy joven por un fado que escuchaba en la radio y en su familia en Santarem, en la provincia de Ribatejo. Su adolescencia la llevará a Carcavelos, en la periferia de Lisboa, donde, más allá de un periodo rock (que retomaría más tarde junto a Mick Jagger o Prince), afirmaría su pasión por el fado. Con una voz pura y cautivadora, Ana Moura supo despertar en el público de Fès una emoción mezclada con fascinación. Comenzando su actuación con una canción que rinde homenaje a la guitarra portuguesa, instrumento musical típico del fado, Ana Moura continuó con temas de una belleza rarísima, extraídos de un repertorio profundamente tradicional, donde el sentimiento de la «Saudade» (una palabra portuguesa que significa una melancolía impregnada de nostalgia, sin el aspecto enfermizo) remite a la noción de «destino». Acompañando el canto con pasos de baile, Ana Moura evocó la nostalgia de los muertos y del pasado, el amor incumplido, el dolor o incluso la condición humana. Y porque el Festival de Fès satisface todos los gustos, El Gusto, gran orquesta del chaâbi argelino, sumergió al público presente, el 11 de mayo en el Museo Batha, en un ambiente jovial y cálido. El Gusto, palabra española que significa el gusto, viajó con los moros al Norte de África y, como muchas otras palabras españolas, se integró en el dialecto argelino. En la lengua de Argel, El Gusto se convirtió en una verdadera expresión para calificar «el buen humor, la alegría de vivir». La orquesta fue llamada El Gusto precisamente porque sus músicos encarnan en la ciudad esa alegría de vivir, la de reunirse entre amigos para cantar la música chaâbi, querida por el pueblo de Argel.
En el origen del chaâbi argelino, en el corazón de la música arabo-andalusí y judeo-árabe, esta gran orquesta reúne a los grandes maestros y estrellas de una música histórica y jovial, nacida en la Kasbah de Argel. El Gusto, versión argelina del mítico grupo cubano Buena Vista Social Club, encantó a la asistencia con un repertorio que se inspira en la música arabo-andalusí y en las poesías escritas en el siglo XV que se mezclaron con las canciones populares de los pescadores, los estibadores y los barberos de la Kasbah de Argel. Pioneros de una música nueva, pero también autores de algunas de sus más bellas melodías, estos iconos del chaâbi argelino encuentran finalmente el reconocimiento del que fueron privados hace cincuenta años, con la guerra de Argelia.
El grupo español «Axivil Aljamía» actuó el 13 de junio en Fès en el marco del Festival de las Músicas Sagradas del Mundo, para deleite de las melodías rítmicas. Este conjunto que lleva el nombre del compositor español Jucejj Axivil presentó al público una creación titulada «Perfume Mudéjar». Se trata de una evocación de la música de las comunidades musulmanas «mudéjares» que permanecieron en Andalucía hasta el siglo XVII. Durante ocho siglos, hasta la conquista definitiva de Granada en 1492, la cultura islámica estuvo presente en la península ibérica, en los reinos y califatos conocidos bajo la denominación genérica de Al-Ándalus. Las comunidades «mudéjares» continuaban cantando y tocando música cristiana a su manera y según su propio estilo. En cuanto a los cantares de gesta de los moros, los cantaron hasta su exilio al norte de África, donde muchos de ellos han subsistido hasta nuestros días.
-* Género musical portugués que toma la forma de un canto melancólico generalmente acompañado por instrumentos de cuerda pulsada, el fado es un fenómeno urbano nacido en el siglo XIX en los barrios portuarios y populares de Portugal.
-* Hacia 1870, el fado, con la gran cantante Severa, se convertiría también en el patrimonio de una aristocracia, amante de esta verba poética, antes de convertirse en el canto de todo un pueblo, en los años sesenta, gracias a la gran Amalia Rodriguez.
-* Ana Moura, nueva figura emblemática del fado, lleva en sí la sensibilidad romántica y trágica de un arte profundamente arraigado en la ciudad de Lisboa.
Proveedor / Fuente : Afaf Razouki, Le Matin