Pasar por la avenida Mohammed V en Fez es hoy un camino de obstáculos. Al lado de los vendedores ambulantes y los «Ferracha», los niños mendigos, solos o con sus padres, son los principales ocupantes de las aceras y de la vía pública. Utilizando todos los medios de persuasión para obtener el favor de las almas caritativas, se agarran a la ropa de los transeúntes, bloqueándoles incluso el paso para llegar a sus fines. Esta situación es la misma un poco por todas partes en la ciudad. Un balance alarmante que constituye una fuente de inquietud para los habitantes de la ciudad. «Desgraciadamente, debemos hacer frente sin respiro a escenas que hacen daño al corazón. Además de los lactantes tumbados en el suelo y expuestos al sol y a los microbios, en compañía de mujeres sin piedad, numerosos niños pasan sus días en la calle reclamando la limosna cuando deberían estar en la escuela o en sus casas al abrigo de los peligros que les acechan», precisa, exasperada, Saïda, una empleada de banco. Para ella, este fenómeno, que no cesa de tomar amplitud en Fez, representa un atentado a la dignidad humana. Plantea también un problema de seguridad al favorecer el acoso y la agresión de los ciudadanos y atenta contra la imagen de la ciudad al banalizar la ocupación del espacio público. Los responsables de la coordinación regional de la Ayuda nacional afirman la ausencia de cifras exactas de los niños mendigos en Fez. Solo existen los datos recogidos tras las salidas al terreno de los equipos del Complejo social multidisciplinar de Bab Khoukha en Fez. En 2013, fueron 77 niños que se dedicaban a actividades de mendicidad los que fueron recogidos por los miembros de las Unidades móviles de la Célula de lucha contra la mendicidad del complejo. «Este trabajo efectuado por nuestros equipos con la ayuda de las autoridades locales, en el marco de una asociación con el ministerio de Solidaridad, de la mujer, de la familia y del desarrollo social y la INDH, nos permite distinguir dos categorías de niños mendigos. Se trata de los niños explotados por sus familias y los que viven en la calle. La primera categoría engloba, además de los lactantes y los niños de corta edad utilizados por las madres para apiadar a los transeúntes, a los niños empujados a mendigar para subvenir a las necesidades de sus familias.
La segunda categoría concierne a los niños abandonados en la calle desde su más tierna edad, así como a los niños víctimas de dislocación de la célula familiar, dejando la escuela antes de aterrizar en la calle y dedicarse a todos los géneros de delincuencia. Estos últimos son toxicómanos, viven en comunidad y prefieren mendigar en grupo», explica Abdellatif Daoui, director del Complejo social multidisciplinar de Bab Khoukha en Fez. Y añadir, «estos niños que recogemos tras nuestro trabajo en el terreno, son recibidos en el complejo, escuchados por nuestras asistentes sociales y sensibilizados con el objetivo de disuadirlos de volver a la mendicidad. Procedemos después a su identificación, antes de establecer un fichero y proceder a una encuesta social para determinar el modo de tratamiento de los diferentes casos». Tras esta etapa, algunos de estos beneficiarios son reinsertados en sus familias, mientras que otros son tomados a cargo por el complejo o por otros establecimientos de protección social como «el Centro Awladi» para la información y la integración de los niños y los jóvenes» y «el Centro Ahli». Sin embargo, el director del Complejo social multidisciplinar de Bab El Khoukha deplora que estos esfuerzos se topen a menudo con la no adhesión de las categorías objetivo que rechazan la inserción socioeconómica y terminan por volver a su «negocio» que juzgan muy jugoso. «Mendigar resulta la solución más fácil para numerosas capas de la sociedad que sufren de precariedad, estimando que no hay otra actividad que podría permitirles una ganancia tan fácil a la vez que reporta tanto», indica el Sr. Daoui.
En consecuencia, esta situación intolerable no está cerca de desaparecer. Y lo peor es que a los niños mendigos marroquíes, se han unido últimamente los niños subsaharianos y sirios que con sus familias cuentan, ellos también, con la compasión y la generosidad de los Fassis para sobrevivir.
La ley incrimina la mendicidad: El Código penal marroquí considera la mendicidad como un delito contra la seguridad pública. El artículo 326 inflige una pena que va de 1 a 6 meses de prisión a toda persona que practique la mendicidad. Respecto al artículo 327 del Código penal, inflige una pena que va de 3 meses a 1 año de prisión a «todos los mendigos, incluso inválidos o desprovistos de recursos, que soliciten la caridad. El artículo 328 evoca la misma pena contra «aquellos que, ya sea abiertamente, ya sea bajo la apariencia de una profesión, empleen en la mendicidad a niños menores de trece años».
Proveedor / Fuente : Le Matin